fotoADOLFO A LA SALIDA DE LA MEZQUITA DE BURSAbursa
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De izd. a dech:Yesil Türbe/Yo saliendo de Yesil Camii y vista general de Bursa con Uludag al fondo.

Iniciamos el viaje pronto, casi de amanecida. Salimos de la ciudad por el Usküdar con sus contraste de altos rascacielos y grandes barriadas de casas con aspecto rural, construidas sin previa planificación por emigrantes del interior de Anatolia que hasta aquí llegaron en busca de trabjo y sus primeros ahorros los invirtieron en hacerse una vivienda.
Pronto llegamos a la orilla occidental del lago Inik, en cuyo extremo oriental se encuentra la ciudad del mismo nombre, antes llamado Nicea, donde el año 325 se celebró el Primer Concilio Ecuménico de la Iglesia para resolver las disensiones internas que la roían. Fue convocado por Constantino, que actuó más como papa que como rey y presidido por Osio, obispo de Córdoba, conjuntamente con los delegados del papa. El mismo Constantino proporcionó fondos del Estado y los medios necesarios para que pudierab trasladarse a Nicea los 318 obispos e infinidad de prelados. Este Concilio sirvió para condenar el arrianismo, afirmando que el Hijo es "consustancial con el Padre" y, por tanto, verdadero Dios como Él.
En los siglos XVI y XVII Iznik, antigua Nicea, fue centro de producción de exquisitos obetos de cerámica, que contribuyeron a decorar muchas mezquitas y palacios de toda Turquía.
Atravesamos campos fértiles con abundantes frutales y pronto llegamos a Bursa, la Ciudad Verde, que ya en los primeros años del Cristianismo cobró importancia por sus baños de aguas termales y el comercio de la seda.
En los siglos XI y XII, cuando emigrantes turcos llegaron a Anatolia huyendo de los mongoles, surgieron prqueños principados en diferentes lugares en torno a jefes militares , los "gazi", que reuniendo un grupo de seguidores se hacian con el control de un territorio, lo gobernaban e intentaban ampliar sus fronteras. Uno de estos jefes fue Ertugrul Gazi, fundador de un pequeño estado cerca de Bursa, que se vio favorecido por su estratégica situación en la ruta de la sea. Su hijo, Osmán Gazi,-1281-1326-, amplió el pequeño estado convirtiéndole en embrión de lo que sería el Gran Imperio Otomano -osmandí=otomanos-. Sitió Bursa y la sometió 6-Abril-1326 conviertiéndola en capital otomana. Le sucedió Orhán Gazi -1326 a 1361, que dilató el naciente imperio conquistando todas las tierras entre Ankara y Tracia,ya en Europa.
En 1402 la capital sería Adrianópolis -actual Edirne- y luego Estambul, pero Bursa siguió siendo una ciudad importante. En ella están enterrados Omán y Orhán, cuyas tumbas son destados monumentos de la historia turca.
Con la llegada de la República experimentó un gran desarrollo industrial al instalarse en ella varias plantas de montajes de automóviles. Aparte la industria textil, principalmente la sea y ultimamante el turismo. Hoy tiene sobre un millón de habitantes y su renta "per capita" es de las mayores de Turquía. Diríamos que aquí se vive relativamente bien. La llaman "la Bursa Verde", porque está repleta de jardines y se encuentra situada en verde y fértil llanura, siendo centro de de una importante región frutícola. En su parte oriental, a 36 kms, se encuentra el Uludag, con 2.443 m. de altura y sus laderas cubiertas de verde arboleda. Esta montaña es el mayor centro deportivo de invierno de Turquía, con gran variedad de actividades, alojamientos y diversiones.

Allí visitamos:
.El Mausoleo Verde -Yesil Yürbe-. situado en un pequeño jardín lleno de verdor que le da nombre. Contiene varias tumbas, la más importante la de su fundador, Mehmet I, con bello cenotafio rematado por un turbante como signo del sexo. Hay sarcófagos posteriores con mayor o menor suntuosidad según la categoría de los enterrados. Procede indicar que estos sarcófagos son meramente estéticos, los cuerpos están bajo tierra a mayor o menor profundidad dependiendo se trate de hombre o mujer. Si es hombre, hasta una profunidad igual a la que hay desde el suelo hasta el estómago y si es mujer, hasta el pecho. El gran mihrab, cubierto de azulejos, es impresionante y la puerta de entrada muy cuidada y con muchos detalles, reminiscencia de antiguas religiones del país que creían era precisamente en la entrada de los templos donde mejor podían compenetrarse con el espíritu de los dioses. Este mausoleo, como se aprecia a simple vista, está influenciado en su construcción por el estilo propio de Asia Central, de cuyas llanurs y estepas proceden los otomanos.

.Enfrente, atravesando la calle, se encuentra la Mezquita Verde -Yesil Camii-, mandada construir por MehmetI -1413 a 1421- seis años después de convertirse en sultán y ya con estilo puramente otomano. La sala principal de oración tiene dos cúpulas y un mihrab de 15m. de altura. Dentro se encuentran las estancias privadas del sultán y salas a deracha e izquierda que, cuando no se empleaban para la oración, eran los escenarios que los altos funcionaios utilizaban para las negociaciones. Entramos descalzos, como es preceptivo, y así aparezco yo para recoger los zapatos dejados en la entrada.

Cuando salimos de ella tníamos hambre y en una mesa al aire libre nos sentamos los tres para tomar un plato de "iskender", consistente en tiras de carne de cordero asadas a la parilla con tomate, mantequilla derretida y yogur, todo sobre una especie de delgada torta de harina.
.Mediada la tarde, descendimos por Inönü Caddesi y a través de callejuelas llegamos al Bedesten o Bazar Cubierto, especializado en el comercio de la seda. Fue construido en el s.XIV y destruido en 1855 por los efectos de un terremoto. En su reconstrucción semprocuró conservar el ambiente y aspecto original, pero con más orden. En su interior se encuentra el "Emir Han", un caravansar que utilizaban los agentes comerciales de la seda. Los camellos de las caravanas descansaban en el patio, donde hay una fuente encantadora, las mercancías se almacanaban en las habitaciones de la planta baja y los comerciantes dormían o hacían sus negocios en los espcios del patio superior. Las callejuelas atedañas a este bazar, como sucede en Estambul, están plagadas de pequeños tenderetes y tiendas.

.No pudimos visitar otros lugares, como la mezquita de Orham Gazi, construida en 1413, ni la mezquita de Ulu, de estilo selyúcida, pero sí pude presenciar un entierro con su peculiar ceremonia:
La caja del muerto, que con el cadáver y coronas se deja en la calle, es poco más que un simple cajón e madera alargado, que se cubre con una especie de tapiz color amarillo.verdoso. Le llevan al cementerio sobre una especie e parahuelas transportada por amigos y deudos, que rivalizan en llevarls sobre sus hombros, como aquí sucede con las imágenes en las romerías religiosas. Delante del cortejo, que no era muy numeroso, iba el imán, luego la elemental caja con el muerto, después familiares y amigos, todos hombres y detrás de todos una persona, que parecía olvidada, llevando de cada brazo sendas coronas de flores. En último lugar y aparte, las mujeres, no muchas, Me llamó la atnción la naturalidad con que transcurría la ceremonia, quizás respondiendo a la concepción de la vida del Islam, que predica el pleno sometimiento a la voluntad de Dios, dejando que los sucesos transcurran con naturalidad.

. Avanzada la tarde llegmos al hotel Büyük Yildiz, en Uludâg Caddesi 16100, situado en la parte más elevada de Bursa, no lejos del suburbio Cekirge, célebre desde la época romana por sus aguas termales ricas en minerales y donde hoy existen muy famosos baños turcos, como los de Karamustafá Pasá. Tuvimos tiempo de caminar por las empinadas calles próximas y de contemplar los hermosos campos verdes de los alrededores. Luego, sentado tanquilo en la pequeñña terrza de la habitación me fundí con el cielo azul turqueza que se volvía cada vez más gris-ocuro. La alta silueta de Uludag, envuelta por tenue neblina, se disluía cada vez más en el crepùsculo y los campos, antes tn vedes, se volvían borrosos con la llegada de la noche. Desde allí veía la ciudd a mis pies iluminada con luces color amarillo-naranja, algunas de color azul o rojo chillón. En las bien iluminadas carreteras, que llegaban hasta Bursa, brillban ls luces de los coches, que se me antojaban moléculas encendidas moviéndose por arterias humanas. El ambiente era tranquilo y sin nervios: delas hacer, todo está predeterminado, que las cosas transcurrar de forma sencilla y con naturalidad...Era el anochecer y la voz gutural y algo triste del almuecín de la mezquita próxima rasjó el espacio como si fuera un lamento llenando de cálidas resonancias todos los espacios del oscuro amanecer. Como si fuern ecos, respondieron los almuecines de mezquitas más lejanas.
Cenamos bien. Los postres fueron abundantes, deliciosos y diversos frutas y pastelerías. Mi sueño fue dulce y tranquilo.